¿QUÉ NOS DICEN LAS PERSONAS AFECTADAS POR CEGUERA O VISIÓN BAJA?
El susto que me llevé
Había terminado de escribir en la computadora, una de esas madrugadas en las que del calor no se puede dormir. Mientras trabajaba en el teclado, los ruidos externos no llamaban tanto mi atención; había hecho algunos trabajos; charlé un rato con amigos y cuando el sueño apareció en mis grandes bostezos, comencé a preparar todo para ir a dormir. Me despedí del “Chat”, apagué la “compu”, me saqué los auriculares y cubrí la máquina con una sábana, de esas que quedan en el olvido cuando la familia renueva su juego de dormitorio.
Antes de dejar el lugar de estudio, empecé a sentir sonidos, que la verdad no podía descubrir de dónde venían, no sé si era porque estaba un poco aturdida o por el susto que se había decidido a saludarme. Como vivo con mis abuelos, lo primero que se me ocurrió fue gritar... ¡abuela!... ¡abuela! ; pero por lo visto la mamá de mi mamá durante el día trabaja mucho y cuando duerme, pierde todos sus sentidos vitales.
Salí de la habitación sin dejar que se me escapara una gota de aire y trataba de mirar si lo que veía moverse en la pared, era mi misma sombra o si acaso había alguien más.
Prendí todas las luces que hay en el trayecto hasta la cocina. Atravesé el pasillo, crucé el comedor y con valentía decidí llegar hasta la heladera para tomar un vaso de agua. Me senté en una de las sillas que están entre la mesa y la máquina de coser de mi abuela, pero ¡vaya mi suerte! Los peores ruidos venían de abajo del viejo hule de plástico que tenemos en casa desde hace mil años.
En ese momento creo que quedé muda y el agua que estaba tomando salía de mis orejas como dos cascadas en cada costado de mi cuerpo. El poco resto de visión que tengo, se tiñó de un hermoso color negro azabache y mi estómago se parecía al castillo inflable que se usa en los cumpleaños, para que los chicos salten encima de él. Ya imaginaba diciendo mi nombre a Freddy Cruguer, La Llorona , Chuqui y todo lo que a uno se le puede llegar a ocurrir cuando el terror, sin querer, se hace parte de nuestra realidad.
¡Ya quería que el burlón de mis miedos de la cara! Y fue así.... de repente, unas uñas se apoderaron de mi pie derecho y algo dijo ¡miau!
Si me preguntan qué pasó en los siguientes diez segundos no lo sé; lo único que puedo decirles es que, esa noche mi tío se había olvidado su lindo gatito en casa.
Por esto y muchas cosas más, es que creo que los que tenemos disminución visual severa, no tenemos la vida solucionada porque vemos algo. La mayoría de las veces la gente dice: ¡ah!... ¡pero vos ves algo! Y no sabe que el estar con un sentido a la mitad, es quizá más difícil que no ver nada. Si bien esto le podría haber ocurrido a cualquier persona, quienes no tienen ninguna discapacidad hubiesen tenido la oportunidad de darse cuenta más rápido de que lo que producía los sonidos era el gato, cosa que yo no podría hacer: sabía que el animal era oscuro, pero no que era negro, además, el piso del comedor no hacía ningún contraste que me ayude a diferenciarlos.
Es así que, llego a la conclusión de que, como en todo; hay cosas que no se pueden, que tener disminución visual severa significa mirar el cilindro ubicado sobre la mesa y ponerse a pensar si es un frasco de dulce o el porta lápices de los más pequeños de la casa; obligar a los sentidos a hacer guardias con pocas horas de descanso para que nuestra vida diaria pueda salir a dar un paseo con la de ustedes. ¡Y por supuesto! Hacerse muy, pero muy amigo del razonamiento y la imaginación, para que nos den una mano cuando necesitemos saber si lo que viene de un lado a otro en la vereda es algún obstáculo arrastrado por el viento o alguien que tuvo la mala suerte de pasarse de copas.
Entre risas y un poco de lo que yo siento y pienso, quise invitarlos a que tomemos conciencia de nuestros defectos y virtudes, de que cada uno, desde su lugar, por más pequeño que sea, hace lo más grande. Tampoco quiero negarles que hay cosas que yo no puedo hacer, pero es hora de buscar un cambio.
Intenten cubrirse los ojos a medias y pidan mi brazo para cruzar la calle: ¿Se imaginan?... Quizá no sea algo como: _¡Guau!; ¡Qué bueno!; sin embargo creo que ésta experiencia puede ayudarme a entender el mundo de ustedes y a ustedes el mío.
Ya me voy... ¡Se está haciendo la hora de dormir! Quiero llegar a tiempo para hacer un llamado a la solidaridad en mi familia y pedir que avisen si alguien, por cualquier motivo, deja en libertad objetos o animales que sin querer, me asusten y consigan hacer cada vez más rápido el tac tac del motor que todos llevamos en el pecho.
Me despido con una curiosidad inmensa por saber si les pasó algo parecido. Antes de marcar el punto final, les dejo mis saludos y por supuesto las gracias por dejarme contarles: "El susto que me llevé".
Lumila More: Tiene disminución visual severa desde el nacimiento, secundaria a retinopatía del prematuro.
Argentina
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